jueves, 20 de noviembre de 2014

El Baúl de los Sueños

     Apaga las luces de la tienda. Con las llaves en la mano se queda allí quieta, mirando sin ver los vestidos, los abrigos, las camisas que tampoco hoy se vendieron. Los pendientes brillan en la oscuridad gritando que siguen allí, que nadie se los probó. Los bolsos cuelgan de ganchos en el aire. Igual que ella.
     Hoy sólo entraron cinco personas. Sólo una compró. Una camiseta y un anillo, el más barato. Veinte euros. Los deja en el cajón. El dinero atrae al dinero, dicen. A ella antes le pasaba. Tenía dinero y si no, tenía tarjetas de crédito. Antes sólo compraba. Así aprendió a vender.
      Sigue en la oscuridad, queriéndose marchar muy lejos.Y le dan ganas de llorar pero ya no llora. No puede.
     ¿Y si encendiera un cigarro y lo dejara allí entre el astracán y los tocados de boda? Ardería todo lo que le costó tanto encontrar. Ardería también la congoja, la zozobra. Se esfumaría el miedo al embargo y el tedio de las tardes sin clientes. El seguro paga bien. Hacienda se pondría contenta y el IVA desaparecería de su vida como el humo negro por la rendija del aire acondicionado. Sería una solución. Pero ya no tiene seguro. La póliza subió y ella tampoco pudo.
     Los bomberos además tardarían en llegar porque la alarma no suena. La placa está, sigue en la fachada pero no se puede conectar. Los ladrones no lo saben. Podrían entrar y llevarse todo y ella podría denunciarlo y decir que ha perdido un montón de dinero....pero ella sabe que no tiene ni alarma, ni seguro, ni calefacción, ni aire acondicionado y sabe, que no podrá seguir así. No habrá incendio, ni habrá ladrones inventados porque nadie le pagaría nada. Nadie le paga nada. Nadie le da una solución.
     Y nadie entra.
     Echa el candado. Cierra una noche más el baúl dónde metió toda su ilusión. Dónde almacena lo vivido. Donde guarda lo que ama.
     Sale a la calle sin prisas. Nadie la espera. Quiere llegar rápido a su casa porque hace frio y está cansada. El pensar, sufrir, darle vueltas a la mierda de la crisis: cansa mucho; tanto como esperar a que alguien mire el escaparate y entre. Cansa mucho sonreir, ser agradable, mentir y decir que no importa que se prueben treinta cosas y no se lleven nada. Cansa mucho hacer cuentas sin casi nada que sumar. Cansa mucho no tener ni un duro. Sólo deudas. Sólo recibos que pagar.
     Ella es emprendedora. Otra mentira. Otro timo. Ya no se lo cree ni ella que puso tanto empeño en seguir, en no tirar la toalla cuando se quedo sola y sin trabajo. Sí, fue su elección pero hay mucha gente que elige mal y tampoco lo paga tan caro. Son cosas del destino. Yo lo quise y lo quiero. Yo decido. Y se lo repite en cada momento de flojedad para hacerse mas fuerte.
     Llega a su apartamento. Abre el frigorífico coge un yogurt y se va al sofá. Hace frio allí también. La calefacción es muy cara. Arropada se nota menos. Sonríe recordando cuando en pleno invierno se paseaba por su antigua casa en pantalón corto porque hacía mucho calor en aquel chalet enorme, dónde todo era grande: las mesas, los sofás, los armarios y también la distancia con su marido. Lo dejó, solo, perdido,  en aquella casa para gigantes. Ahora es mas libre, no tiene marido pero sí tiene un amor a ratos pero no era así como se imaginó su vida. Aunque ella nunca imaginó nada... ¡todo era tan fácil! Era tan sencillo pagar la luz y el gas y gastar en una tarde mil euros en ropa..... cómo iba a pensar, a imaginar siquiera que su vida sería así después de los cincuenta.
      Apaga el último cigarrillo. Lo aplasta bien en el cenicero, no sea que con la mala suerte que tiene, los malos pensamientos se hagan realidad en su propia casa y arda hasta el cuadro del sol de invierno que se trajo de su otra vida. Sonríe porque no puede llorar. Le gustaría pero ya no puede. Se toma su tranquilizante de buenas noches y entre el rumor de voces de la tele se queda dormida. Mañana lo mismo se arregla algo. Lo mismo vende algo. O lo mismo echa el cierre ya, para siempre, porque no vale la pena, porque no puede más. Pero ¿dónde iría? ¿Alguien contrata a una emprendedora que  no tiene ni veinte, ni treinta, ni cuarenta?
     Mañana volverá a la tienda. Cambiará otra vez el escaparate, pondrá los zapatos rojos para que se vean. Una mujer debe tener por lo menos unos en su vida. Abrirá de nuevo el baúl de los vestidos y los sueños. Dejará volar los buenos presagios, los colores brillantes, el amor siempre compañero  y por la noche lo volverá a cerrar a los miedos y a la desesperanza. Con candado. Como siempre.
     Y así un día y otro día. Hasta que esto cambie. Hasta que alguien entre a comprar. Hasta que vuelvan aquellos años en que todo era facil. Hasta el amor será sencillo, será normal.
     Y el Baúl de los Sueños estará siempre abierto

miércoles, 12 de noviembre de 2014

El Gimnasio y otras andanzas

     Por aclamación popular, es decir, de una amable lectora de este humilde Blog, que lo ha pedido, voy hacer un corto pero intenso recorrido por el mundo del Gimnasio en particular y del deporte apropiado para Una de 50, en general.

     Lo primero a destacar es que todos los médicos del panorama sanitario español y mundial se han propuesto que andemos, pero no para ir de compras, que siempre te lo recriminan, sino para que nos recorramos diariamente, esos caminos y circuitos creados por los Ayuntamientos, no sabemos si por nuestro bien o para nuestro destino final porque: ¿cuántos caerán por esos caminos después de un gran esfuerzo andarín? No quiero ni pensarlo porque verlo, casi lo veo en mucho rostro congestionado y a punto del desmayo que me cruzo alguna vez y es que llevábamos mucho tiempo sin mover, ni la tibia, ni el peroné y ahora nos toca mover el tacón de la zapatilla de deporte, nos guste o no porque desde el ginecólogo al traumatólogo, del cardiologo al  endocrino....todos tienen la misma consigna: que hagamos deporte y cuando ponemos cara de sorpresa, de estar preguntándonos pero ¿qué deporte voy hacer a estas alturas que lo que más he hecho ha sido jugar al Balón Tiro cuando tenías diez años?.... nos indican amablemente que con caminar es suficiente. Y ahí estamos, da igual que tengamos colesterol, varices, osteoporosis, juanetes o depresión, todos a caminar. 

     Y yo, camino, entre otras cosas porque sé. Desde muy pequeña. Y no es ninguna broma. Hago lo que sé, sin temor a risas, vergüenzas, comparaciones y muchas otras cosas más que me pueden ocurrir.

     Aún recuerdo entre palpitaciones y sofocos cómo fue aquel aciago día que acudí a mi primera clase de aeróbic en el Gym supermolón de mi barrio. Yo siempre he sido muy de aventuras y de lanzarme y no me quería quedar simplemente como tantas y tantos, paseo arriba y abajo por el Circuito del Colesterol. Yo tenía que introducirme en el mundo sano y atlético, por la puerta grande.
       Y lo hice. Vaya si lo hice
       Entré a la clase con un poco de reparo pero segura de mi misma. Me coloqué en la primera fila, quién ha dicho miedo, pensé, a la vez que miraba el espejo enorme que tenía frente a mí, dónde se podía ver a más de una decena de chicas con sus cuerpos de treinta y pocos y de muchos tiempos deportivos, con mallas y mini shorts multicolores perfectamente conjuntadas y una señora vestida de futbolista. O de ciclista. O mitad ciclista, mitad futbolista
     Era yo.
     Para mi iniciación en el mundo del ejercicio, escogí una camiseta de uno de mis hijos y un culote de otro. Ya me compararía algo cuando viera qué necesitaba. Fue lo mejor que hice. Hubiera sido un gasto más, unido a los seis meses que ya había abonado previamente a  ese maldito Gym de Friends. Ése mismo. Ése, en el que lo peor no fue la indumentaria, lo peor fue que mientras todas iban a la derecha, yo me desplazaba a la izquierda. Mientras subían un brazo yo lo tenía en la cintura, mientras ellas se agachaban, yo de pie derecho y sobretodo, mientras todas sonreían y tarareaban las canciones,  la señora del espejo tenía cara de susto. No volví.

     Ahora me dedico además de andar, al acuarunning, que es lo mismo pero por el agua y que para los chistosos que me preguntan soy una fuente inagotable de chascarrillos.. que si corro por encima de las aguas o por debajo,  que por dónde me llega el agua y lo peor los que te miran con cara de "eso no se puede hacer y menos tú". Pues lo hago y con otras muchas. Y podemos hacerlo pero un poquito de empatía si pediría a los gimnasios, monitores y entrenadores. Ni somos atletas, ni tenemos veinte años, pero tampoco estamos en la decrepitud mas absoluta. Hay algunos que te tratan como si se nos fuera a romper una cadera en el calentamiento y otros que pretenden que haga una voltereta lateral cuando no la hice ni con doce.

       De todas formas, ¡¡Qué difícil es escoger el deporte adecuado para Una o Uno de 50¡¡ Sí, ellos también, que yo sé de alguno que también pagó un año de Gimnasio y se encontró el primer día sin poder hacer 300 flexiones al ritmo que marcaba el entrenador de 25 años y enfrente de otros tantos con camisetas pegadas al cuerpo en plan Geyperman, mientras que el primerizo iba con su chandal de 1982 del Mundial de España, una reliquia, un orgullo pero él tampoco volvió.

     Por esto y por mucho más y sin ningún motivo, ni razón aparente, como un Forrest Gump cualquiera, me pongo la ropa que me apetece, me coloco mis auriculares para oir el mundo que yo prefiero y me voy a caminar. 
       Porque yo también lo valgo

domingo, 19 de octubre de 2014

Hoy todos de Rosa. 19 de Octubre

     Se acaba el domingo. Se hace de noche y ella se refugia en imaginar el futuro, en pasar página rápidamente de esta época rota y dolorosa.
      Mira por la ventana y se enamora del atardecer de su ciudad que hoy se ha vestido de un tono rosado.
      La mañana comenzó con los que se pusieron zapatillas y camisetas rosas, para correr por ella. En la televisión, en la radio, durante todo el día, han informado de las 25.000 que lo superan, de las nuevas investigaciones... Todo el mundo habla del tema. Ella también. Ojea la revista con fotos de famosas y su pañuelo rosa. Guapas, conocidas y que saben lo que es, lo han sufrido, lo han vivido de cerca. Igual que tantas otras. Igual que ella.
     Quiere que pase el día, que pase la semana, que pase todo. No tener que  seguir sacando fuerzas y ganas de dónde a veces no hay. No quiere que sufran por ella, no quiere sufrir, no quiere pero tiene que continuar porque de ésta tiene que salir. Porque de ésta, va a salir.
     Aunque la cuidan, la apoyan y se siente querida, sigue con el miedo frío a la próxima sesión de quimio y con pesadillas que le traen los recuerdos mas duros de este tiempo cruel, de este camino lleno de incertidumbre. De un camino que comenzó hace sólo unos meses y que hace  que lo anterior parezca otra vida,  otro mundo muy lejano, pero que era el suyo, hasta que todo cambió. Y aunque no quiere revivir los momentos malos, nota lo que ya no está, lo que se quedó en el quirófano. Se toca la herida que le dio miedo destapar, se mira al espejo y aunque le han dicho que  dentro de poco será como antes, ella sigue sin ver nada.. Ella no era así.
      Sabe que va a poder, pero es tan duro todo: el malestar, el cansancio, el dolor, la peluca, el sol... aunque lo peor es sentirse tan frágil. Ella que se creía fuerte, dura, optimista.... en una décima de segundo todo cambió. Y ahora, es mas valiente
     Su sicóloga la ha ayudado a mirar y pensar en positivo. Sus compañeras de la Asociación le dan fuerza cada vez que las ve sanas y salvas. Su marido la acompaña en todo su peregrinaje. Sus hijas,....sus hijas es otro tema. No puede ni pensar que puedan sentir lo mismo que le pasó por su cabeza cuando le dijeron que se veía algo en la mama izquierda. Ella se acordó de su abuela, de la pobre abuela y de su padecer, hace tantos años. Se tienen que hacer revisiones, se tienen que hacer revisiones, aunque sean muy jóvenes. Se repite una y otra vez. Que las niñas no tengan que pasar por esto. 
     Y piensa una y otra vez que va a salir, que sí, que le ha tocado, pero que va a salir y vuelve a mirar al futuro y vuelve a ver desde su ventana una ciudad vestida de rosa que hoy ha sentido mas cerca. Porque las pequeñas cosas, ahora le saben mejor.  

     Hoy todos de rosa.  Por ella.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Volver siempre cuesta

     Aún no sé porque estoy sentada delante del ordenador intentando retomar lo que dejé hace tiempo. Un abandono que se produjo, no por desidia sino simplemente,  por temor a las críticas, las mías las primeras y las peores, pero también,  por miedo a los halagos a los que jamás me he acostumbrado. 
     Desde pequeña me inculcaron que si me decían que era guapa o lista, era por cumplir, por quedar bien y si me señalaban un defecto era para que lo ocultara, lo escondiera y así he crecido: encogida.... por los piropos o por los desprecios, da igual, encogida. Me educaron, como a muchas para ser luchadora pero sin que se note, mandar si que te vean, ser como ellos pero sin gritos. Y sobretodo, que nadie pudiera decir nada de tí. Con el no dar que hablar de mi generación, me fastidiaron la autoestima para siempre. Y escribir un blog personal es dar que hablar.....Un libro es otra cosa, pero un blog personal, es exhibición, es...dar la campanada.

     Escribir es una forma de desnudarse haciendo creer que no hablas de tí, que sólo es tu mirada, que eres periodista y cuentas lo que ves. No es cierto. Cuando es una noticia, puede. Cuando creas personajes, cuando les das voz, no. En cada uno de ellos está parte de tu vida, puede que no lo hayas sentido pero si lo has rozado. 
      He releído algunos de los post que ya cumplen mas de dos años y he descubierto que Una de 50, soy yo. No he tenido cáncer, pero si lo he sentido. No tuve nunca depresión pero sé a qué saben las lágrimas. No he limpiado en una casa, pero sé de esfuerzo y de humillaciones. No me han desahuciado pero me han cortado raíces. Nadie me maltrató pero he visto el temblor del miedo, en una mano. 
       Cada una de las páginas de este blog son muchas mujeres que ya cumplieron cincuenta y soy yo misma.   
  
      Me cuesta mucho enseñarte lo que hago. Mostrarte lo que no sé. Retratarme en cualquier pantalla, sin pudor. Buscar que se hable de mí. Volver a escribir en este blog. Volver a sentir la inutilidad de lo que cuento. Volver a crear expectativas en los que piensan que tengo algo que decir. Y sufrir porque defraudo, canso o simplemente me quedo en la frivolidad de ser escuchada.   
      Me cuesta pero realmente quiero volver a ser Una de 5o porque, entre otras cosas, aún lo soy y porque vuelvo a estar harta que se pase por encima de nosotras porque ni somos jóvenes, ni viejas. Y porque las de mi generación, encogidas o soberbias, triunfadoras o excluidas, rotas o perfectas, tenemos también mucho que decir, aunque  no tengamos revistas dedicadas a nosotras, ni tiendas exclusiva donde escoger nuestra ropa, ni programas de televisión... no nos importa. No me importa.  

          Me cuesta... pero vuelvo a tí y a mi misma... vuelvo a ser Una de 50 
      

martes, 11 de diciembre de 2012

Número Privado

     Otra vez suena el teléfono. La misma llamada. Número oculto. Número privado. Número desconocido. Marisa sabe muy bien quién llama.
     No les conoce pero sí sabe lo que le van a decir con voz cantarina y amistosa: Buenos dias, somos del Banco, queríamos recordarle que tiene un descubierto de 850 euros y queriamos saber y concretar la fecha de cuándo va a pasar por su sucursal para regularizar su sitiación. Gracias.
     Se lo sabe de memoria. Lleva un mes escuchando parecidas frases, unas veces en un tono amable y otras mas exigente. Cada semana, casi, cada día, incluidas las aburridas y solitarias tardes del sábado. Y ya no quiere más, ya no puede oirlo otra vez, no le quedan palabras de disculpas que dar, a alguien que no conoce y a quién  su problema no le importa nada.
     La primera vez se enfadó porque si no le habian pasado su nómina, ella qué podía hacer, además el Banco ya le había cobrado el recibo de reclamación, luego llegarian cuatro más, en total cien euros que sumar a la deuda y ¿qué quieren más de ella? No tiene a nadie a quién acudir. Su hermano, lejos, en Canadá, con sus hijos, sus nietos y feliz y su madre, la pobre, creyendo que su hija, aunque soltera, está bien, tranquila, con su trabajito en la mercería. No saben que lleva meses sin cobrar, uno porque está a miles de kilometros de distancia y la otra porque está cerca, demasiado cerca. Además, a su madre no le puede pedir dinero porque su pensión de viuda es baja y encima, le daría un disgusto.
     Marisa se aguanta por vergüenza, por su madre, por su jefa que parece que la aprecia y porque todos dicen lo mismo, que esto está muy mal, que los jóvenes por jovenes y los mayores por mayores, que no hay trabajo y piensa que para ella menos.
     Treinta años en la mercería del barrio y siempre estuvo contenta de trabajar en La Progresiva. Conoce todo lo que hay que saber de puntillas, hilos, medias y bodoques, ha vendido kilometros de cintas y lazos pero ahora, no entra nadie. Y su jefa llora, no paga y dice que cierra. Y Marisa no lo puede creer, no lo quiere creer ¿quién la va a contratar a ella? ¿qué va hacer? Aunque a veces casí prefiere que se cierre, que se termine todo y así cobrar algo, por lo menos el paro y el Banco dejaría de llamarla a las nueve de la mañana, cada lunes, cada día, cada semana, para recordarle que vaya a su sucursal a pagar lo que debe, lo que no tiene.
     Vuelve a sonar el teléfono. Número oculto. Son ellos. Si no descuelga, volverán a insitir una y otra vez y si se arma de valentía y contesta ¿qué les dice? ¿qué su jefa no le ha ingresado tampoco este mes la nómina? y a ellos, qué les importa.
     Se decide, descuelga: sí, ya, pero es que no puedo solucionarlo de momento. No tengo. Más me gustaría a mí arreglarlo.¿ Por qué no me comprenden?. ¿Por qué no me dejan de llamar? ¿No hay otros que deben más?. Ya sé que están haciendo su trabajo pero yo también, y no cobro y de verdad que no tengo.
     Cuelga, llora, suspira, intenta recomponerse y piensa que tiene otra semana de margen. Lo mismo, su jefa le paga algo y por fin puede acercarse a su sucursal y dejar de mirar con miedo la pantalla del teléfono por si aparece el  número privado. El oculto. El incansable.
     Y descansar.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Pon un despropósito en tu vida

     La noche confude a muchos pero nunca creí que a estas alturas, me iba a influir a mí.
     Por una serie de circunstancias totalmente caóticas, la otra noche, me encontré en un local de copas de lo mas moderno, con mis amigas mas reinas, con mi marido, mi hijo y con mi primo pequeño ¡todo un despropósito¡
     Y digo despropósito porque si sales a cenar con tus amigas solteras, jóvenes y profesionales estrella...sales a cenar y no te apuntas a las copas en el sitio mas moderno de Madrid donde ellas se mueven como se tienen que mover y no como una de 50 que lleva unos tacones altísimos que para estar sentada (esa era la primera idea), fantástico pero para abrirte paso entre danzantes desenfrenados pues es un horror. Problema mínimo si no se lleva además, abrigón, bufanda extra larga y bolso de tamaño natural. Amén de un vestidito del siglo pasado que te has puesto simplemente para probar como te queda..
     De esa guisa me encontré en el garito. Las prendas de abrigo colgadas en el brazo izquierdo ocupando media pista de baile y en el derecho el bolsón y un vaso en mi mano, peligrosamente oscilante porque me empeñé en hacer lo que todos: moverme. Moverme pero muy mal. Me debatía en la duda entre si tenía que agitar suavemente la cabeza y el cuello al compás de la música, mi brazo con la copa de arriba abajo o el pie dolorido. Y yo, como soy muy mía, opté por hacerlo todo a la vez. No quiero pensar el resultado pero si contar que en ese  imcomparable momento que acabo de relatar y rodeada de diosas de la televisión que a su vez estaban rodeadas de babeantes hombres, apareció mi marido.
     En alguna etapa de nuestra vida él ha sido mi tabla de salvación pero en aquel instante lo fue más aún porque ¡era uno de los mios¡. Es decir ahora era él, el mas mayor del local y además, llevaba chaqueta y ¡abrigón¡
     Fueron instantes de inmensa gratitud discotequera que duraron poco porque como una visión alucinógena, aparecieron mi hijo y mi primo, son de la misma edad, trabajan juntos y querían tomar una copa con sus compañeros y allí estaban y nos presentaron a todos. No quiero pensar tampoco, los comentarios al dia siguiente en torno a la máquina del café.
     Desde la foto de la boda creo no recordar una tan bonita estampa nuestra, con pose de enrollados, con cara de  mucho mundo vivido pero con los abrigos, las bufandas, el bolso, los vasos que cada vez son mas grandes, un calor sofocante y trescientas personas rodeándonos, pero, nosotros, nos sentíamos en perfecta armonia. Un despróposito.
     Nos fuimos en el instante que un graciosillo le preguntó a mi hijo que cómo se sentía estando de copas con su padre, a lo que él apostilló: "y con mi madre"
     No quisimos escuchar más. Somos una familia en la que cada uno debe saber cuándo estar, cuándo llegar y cuándo marcharse. Ese era el momento.
     Salimos del local liberados y con una alegría tonta por el cuerpo por estar tan en la onda, cuando un hombretón con poderío salió corriendo detrás de nosotros. Era el dueño del garito. Yo pensé rápidamente que nos iba a recomendar que por favor nos abstuvieramos de volver porque desentonábamos notablemente, con la estética del local, pero no, lo que quería era agradecernos, no que nos marcháramos, que podía ser perfectamente, sino el haberle ayudado cuando era becario. Nos quedamos impertérritos y estupefactos.       
     No teniamos ni idea quién podía ser. Después del reconocimiento por parte de él y el desconocimiento por parte nuestra que en vez de un jovencito nos encontrábamos ante todo un señor ejecutivo, nos despedimos dándoles las gracias, también.
     Nos montamos en el coche por fin, nos miramos y muertos de risa, dijimos: qué mayores somos, qué noche de despropósitos, pero ¡qué divertido¡
    

lunes, 3 de diciembre de 2012

Mañana será diferente

   Hay dias que es muy duro ser Una de 50.  Porque te das cuenta que no tienes ni las mismas fuerzas, ni las mismas ganas. Porque no te salen las cosas como soñaste. Porque intentas reinventar la realidad y te salen garabatos. Porque ya no tienes mas indignación que sacar cuando ves  políticos estafadores,  yernos trincones, ex Presidentes de la Patronal detenidos y sinverguenzas sin limite a los que encima te estás acostumbrando a ver, sin que se te revuelvan las tripas y sin salir a la calle para encontrar la arena de la playa.
   Hay dias en los que ya no tienes la llave para solucionarle los problemas a nadie y menos a los que quieres. Porque hay dias en que todo se congela y en que no sirve ni llorar, ni siquiera decir una palabra.  Porque hay dias que llorar es un lujo.
   Hay dias que solo quieres pensar que otros consiguen sus sueños, que creen que esto se arregla y que ellos, lo van a conseguir. Porque hay dias que no quieres que existan ni en el calendario, ni en tu mente, ni en tu vida. Porque hay dias que es mejor callar y marcharte. Porque hay dias en que sientes que se te van los dias.
   Y pese a todo, hay quién aún espera que soluciones, vivas, sientas y tengas ganas. Y las tienes. Porque hay que hacerlo, porque es lo que esperan de tí, de Una de 50. Y lo haces y te vas a la cama temprano para dormir, para despertar pronto y empezar una nueva mañana como eras, como creen que aún eres. Porque todavía piensas que será diferente y que en una décima de segundo todo puede cambiar. Porque ni la crisis, ni los despidos, ni el dolor van a poder contigo. Como no pudieron nunca, como no podrán mañana.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Una de 50 y algo más

     Me ha costado lo indecible. No sabía comenzar. Ha sido muy largo el despojarme de pereza, de timideces y de dudas. Y todo por no saber como retomar este blog.
     El verano se escapó y llegó un otoño demasiado rápido en mi calendario. Durante este tiempo han sido muchos los que me habéis apremiado para que escribiera, otros me han dado por perdida y algunos se olvidaron de Una de 50. Normal. Normal todo, incluso mis dudas.
     Había pensado a instancias de algúno mas listo que yo, en ampliar el blog a web: Un follón. Tendría que hablar entre otras cosas, de viajes, cremas rejuvenecedoras y pamplinas similares.Que podría ser interesante, sí, que todo ello me gusta, sí,  pero no hacia nada más que preguntarme ¿y para qué?.
     Otros, también más listos que yo, me aconsejaban que incluyera fotos y  hay quién me dijo que lo que escribía sólo era una parte de mí, que yo era más dura y mas crítica. Que tenía que mojarme más, como había hecho toda mi vida y lo único que se me vino a la cabeza es lo de:  y así me ha ido.
     En fin que estaba hecha un lio, como cuando iba al colegio y no sabía si me gustaba el chico guapo o el pobrecillo de la clase. He de decir, aunque no venga a cuento, que siempre me hacía amiga del pobrecillo pero me enamoraba del guapo, al que por cierto no le interesaba nunca. Ya está, lo he hecho otra vez, desviándome del tema, enrollándome a lo tonto 
     ¿A alguién le puede hacer gracia estas naderias? No me contestes que a tí sí, que tú me quieres.
     A lo que vamos, sin dispersión. En los últimos dias, bajo la presión de unas amigas que quieren que continúe con esto y mi lucha por hacerles ver que lo que escribo no le importa a nadie, me han hecho ver que hay mucha gente que escribe las mismas chorradas que yo pero que se las editan y aplauden. Visto así, me acabo de dar cuenta que no sé si me estaban halagando o no. En fin, que me da igual que es verdad que lo mio es la misma tontería que otras muchas pero es mía y de los poquitos que me leen. Y he pensado, pues que sigo. Total.
     También puede que me de pena pensar  que aquellos que habéis creido que este blog saldría adelante, os habría decepcionado o puede, también,  que la vanidad me ha vencido porque hace meses que no oigo un, me encanta, me he reido o me he emocionado con lo que has escrito. Y duele no escucharlo, la verdad.
     Decidido. Sí. Voy a seguir. Sn pretender nada, sin necesidad de espacio en la mente de nadie, sin tan siquiera espacio en mi ordenador, seguiré y les diré a los que me esperaban, que ya estoy aquí, no sé muy bien para qué, pero que estoy y que sigo siendo Una de 50 y un año más

viernes, 13 de julio de 2012

La marea negra

      Aparecieron en la oscuridad de la noche que es tan suya, con las linternas encendidas como el primer día que bajaron al pozo. Llegaron cansados de andar pero con fuerzas para pelear y arropados por gente que hacia suyos sus problemas. Les abrazaron como si fueran de la familia, quizás porque lo eran o porque todos han dicho o han pensado en algún momento, que más dura es la mina. Y lo es.
     Amanecieron con la garganta ronca por pedir lo que es suyo, lo que les corresponde. Lucharon durante todo el día con pancartas para que se les escuche y no se les regañe por no haber sabido utilizar las subvenciones. Se pasearon por unas calles radiantes que les aplaudían aunque alguno hubiera gritado desde el altavoz del poder que eran unos terroristas y unos vándalos que pedían sin conocimiento, sin saber que el carbón ya no sirve, que es de otro siglo.
     Se sintieron queridos por la mayoría aunque alguno repitiera hasta la saciedad que cobran pensiones muy altas y desde muy jóvenes, desconociendo lo duro que es ser picador, allá en la mina y sin enterarse que hay una enfermedad que se llama silicosis que puede ser mortal y que en los últimos segundos de vida te asfixia y te hace buscar, pedir aire para respirar aunque estés atado a una bombona de oxigeno.  
     Recibieron respuesta de los que no pueden hacer nada y silencio y malas contestaciones de los que mueven los hilos. Los mineros no tienen bonus, ni acciones, sólo una nómina que algunos dicen que es demasiado alta pero que van a perder dentro de muy poco. Los que deben y pueden solucionarlo siguen callando o diciendo que la minería no es una pieza esencial de la Economía como son los Bancos y que eso es todo amigos, que el carbón es historia y el minero también, dignos de un museo. Museo que no visitarán jamás los que han visto subir de las entrañas de la tierra, a su padre tiznado de negro después de haber estado encerrado muchos días por luchar por lo que pensaba que era futuro y por un trabajo digno, aunque repetirán para que a nadie se le olvide, que el abuelo fue picador allá en la mina y que allí, quemó su vida. Para nada. Ya no hace falta.
     La marea negra se aleja de Madrid dejando un cielo gris con miles de partículas de carbón que se funden en el aire, donde aún suena el eco de un himno, de una Santa Bárbara bendita, cantada con voces rotas y sin esperanza. Todo vuelve a su sitio, al lugar que le corresponde, cada uno a su casa y a su rutina y el minero a la suya, a su pueblo sin futuro y a su pozo negro.
    
    



domingo, 8 de julio de 2012

Mariana se despide

     Cierra la puerta por última vez. Se va con lágrimas por estallar y cargada con una bolsa de plástico donde lleva la ropa de trabajo que ha usado durante dos años. Mariana sabe que no volverá nunca aunque le han dicho que cuando estén mejor las cosas pueden volver a llamarla. Mentiras para no herir demasiado, para no decir que no te quieren.
       Ha entregado las llaves a la señora, a la misma que creyó era casi su amiga, a la que le hizo un regalo en su cumpleaños. Es cierto que se ha portado bien conmigo, piensa, que cuando estuve mala con lo del pie me pagó todo el sueldo. Otras veces, sin embargo, sabe que se enfadaba porque no hacía lo que ella le decía y que pensaba que no estaba suficientemente limpio o mucho peor, que creía que era muy lenta.
     Tarda más de lo acostumbrado en llegar a la boca de metro donde hay un contenedor de basura y allí tira con rabia, la bolsa. Se acabó, no volverá a limpiar más casas donde te echan sin avisar, donde te engañan y te pagan menos de lo que te dijeron pero se siente mayor, se sabe mayor. Mariana intuye que no va a encontrar trabajo fácilmente, en cuanto la ven, le dicen que no. Sólo quieren chicas jóvenes que son rápidas y que no tienen papeles, que tienen prisa por marcharse a otra casa donde ganar más o trabajar menos. Ella no, quería a esa familia que ni siquiera se ha despedido de ella.
     Sabe que ha roto cosas pero tenían muchas, demasiadas. Reconoce que a veces se sentaba a descansar pero es que se levanta muy temprano y tantas escaleras la matan. Algunos días no hablaba y estaba enfadada recogiendo la ropa de los chicos pero es que hace dos años que no ve a sus hijos y aún no conoce a su nieta y la Navidad se le hizo muy dura y este verano que creía podría pagarles el billete para que vinieran a verla se ha quedado sin cobrar las vacaciones y no vendrán.
     Recorre con la mirada las estaciones que van pasando una tras otra hasta llegar a la suya. Veinte en total. Otro motivo para no disgustarse, estaba demasiado lejos. Intenta estar relajada, quiere llegar al piso compartido, lo mejor posible, su marido la estará esperando con la misma cara de pena que tiene desde que llegaron hace cinco años. No tiene trabajo, nadie quiere a un matemático que pasa de los cincuenta porque para pintar, conducir, llevar la carretilla o ser guardia de seguridad hay muchos y mas jóvenes. Mariana quiere ser optimista pero no la dejan.
     Sonríe al pensar que cuando se casaron soñaban con viajar y lo han conseguido pero a un precio que nunca quisieron pagar. Grecia fue el primer destino triste, luego una Italia próspera los abandonó, después una España que creyeron solucionaría su vida y que no les ha traido nada más que distancia. Hace muy poco en una noche en blanco como tantas otras, abrazados pensando en sus hijos y en lo que aún ellos necesitan, se imaginaron una Alemania que podría ser la solución pero ellos no saben alemán. Ellos ya no saben nada.
      Lo mejor será volver. Sin dinero, con mas años, sin poder echar una mano a sus hijos, pero volver. Su marido no quiere regresar como un fracasado aunque aquí ya nadie les ofrezca ilusión. Se irán. Está decidida. Volverán a su país, a su pueblo, al hospital donde trabajó tantos años, a conocer a su nieta, a poder vivir sin angustia, sin pena. Al final que me hayan echado ha sido lo mejor, se repite una y otra vez para poder convencerse. 
     Siempre le puso una sonrisa a la vida y muchas ganas y ahora no va a cambiar. Nadie va poder con ella, si no la quieren para trabajar porque es mayor, da igual, no la van a vencer. Ni una guerra pudo con ella.
     Mariana se va pero no está rota. 




lunes, 2 de julio de 2012

¿Y ahora qué?

     Las banderas siguen colgadas de las ventanas balanceándose de alegría por la gesta cumplida. La marea roja ya duerme sueños de aventura para la próxima vez. Las cámaras y los micrófonos se despiden hasta la próxima con el trabajo bien hecho y cada uno de nosotros felices porque lo conseguimos otra vez.
     Han sido días de ilusión y de aparcar problemas. Momentos en los que fuimos felices porque nos sentíamos fuertes. Minutos de gloria que hemos compartido entre los ratos de dureza que tenemos y tendremos. Durante casi un mes hemos superpuesto dos planos de nuestra misma realidad, algo bastante complicado pero que tal y cómo somos los españoles lo hemos podido conseguir como si fuera lo más fácil del mundo.
     En el momento que nos preparábamos a ganar a Portugal nos anunciaban en rueda de prensa que ya pagábamos los medicamentos y mientras Cristiano Ronaldo con cara de decepción proclamaba  a los cuatro vientos, una supuesta injusticia, nuestros jubilados contaban las recetas de las pastillas del colesterol que ya, sí, pagarán. Poco, dicen algunos. Los jubilados tan acostumbrados hacer cuentas aplaudían el penalti de Iniesta a la vez que sumaban lo que les costará su hipertensión. Madrugadas en las que soñábamos con darle un repaso a Italia, mientras que Rajoy y Monti hacían piña para hacerle frente a una Merkel invencible. Un acuerdo España-Italia para ganarle el partido a Alemania. Todo muy deportivo, muy futbolístico y muy de cambiarnos la vida, de alumbrárnosla o dejarla a media luz como hicimos el domingo cuando veíamos la final de la Eurocopa. Una final de sombras para Italia, de luces para España, pero de luces muy caras. No nos acordamos que mientras encendíamos el aire acondicionado para no sufrir mas calores que los indispensables, nos costaba mas caro que el día anterior, pero tal y como van las cosas, mucho menos que mañana.
     Cuando vencimos a Italia con ese inmisericorde 4-0 cantamos el Viva España y el Soy Español a voz en grito porque nos lo merecemos, porque jugamos bien y porque como yo, muchos hemos sufrido con la Selección lo indecible, eso sí, cuando no pasábamos de Cuartos todos vivíamos como si fuéramos ricos o al menos nos lo hacían creer con unas hipotecas que nunca terminaremos de pagar porque al españolito de La Roja no lo rescata nadie.
     Hemos realizado una hazaña casi igual que el aparcar en el centro de Madrid cuando saludábamos a los campeones en su paseo por las calles llenas de gente. Y no porque no hubiera plazas de aparcamiento, sino porque desde el mismo instante que pisó Iker La Cibeles, el parquímetro, costaba un diez por ciento más, no por culpa de nuestro capitán, claro, que para eso están los poderes municipales, para subir los impuestos cuando proceda. Aunque eso no es nada comparado con el transporte madrileño que muy pronto subirá por tercera vez en lo que va de año y tampoco nada que ver con el sacrificio que hoy mismo nos han pedido porque es momento de acelerar reformas. Cuando escuchamos cosas de ese calibre, rápidamente pensamos en el IVA subiendo como la espuma y las Comunidades Autónomas haciendo unos recortes para espantar al mas pintado. Pero como ha dicho el Rey, la Selección nos ha hecho muy felices. Y es verdad. Y les damos las gracias y a Del Bosque un montón, porque nos gusta ser español y el fútbol, pero ¿y mañana? ¿volveremos a la realidad de golpe?     
     Hemos ganado la Eurocopa, algo que nos resulta fantástico y de lo que nos sentimos orgullosos pero la luz ha subido, y el gas, y los mineros siguen con sus protestas y los parados tienen que hacer cola para renovar su tarjeta y los pensionistas  han oído que en Europa piden que recorten su sueldo, igual que a los funcionarios y al final con tanto superponer las dos realidades en estos días, me he hecho un lio y no dejo de darle vueltas a varios asuntos y tener algunas dudas en esta noche de victoria deportiva y de resaca de triunfo ¿le hemos metido un gol a la Merkel o lo hemos soñado? O mucho peor, con tanta euforia, lo que de verdad ha sucedido es que ¿nos han metido un gol en nuestra porteria?

viernes, 29 de junio de 2012

¡Vamos a ganar!

     Tenía que ser esa tarde. Tenía que ser justo cuando todos están preparados para ver si España llega a la final. Tenía que ser ése, el día mas triste.
     Cuando todos van corriendo para llegar a ver el partido, ella no tiene prisa, sabe que en casa están ya sus hijos y sus novias, los vecinos mas futboleros de la urbanización y su marido preguntándose donde está y qué diablos tendrá que hacer, justo esa tarde. Menos mal que ya ha dejado la tortilla y los aperitivos tapados con papel de aluminio, todo reluciente, como su cocina, como su vida hasta hace muy poco. En una décima de segundo todo ha cambiado. Camina por las calles vestidas de banderas, se mezcla con chicos felices y presurosos con sus bolsas de refrescos y patatas fritas  y ella es una más que se encamina a la cita de España y Portugal pero sin ganas y por dentro negra como su pena, como la sombra de su pecho.
     La habían citado con una llamada telefónica, pocas horas antes para que fuera a la consulta y ella colgó el teléfono sin poner una objeción, sin decir que la casa se le iba a llenar de gente y que era el partido de la semifinal y pensando que la seguridad Social, cuando quiere es muy rápida. Intuía que la cosa no estaba para esperar que iba todo a una velocidad de peligro. En cuanto llegó, rápidamente la pasaron a consulta y allí con un doctor mas amable que de costumbre, con una enfermera de pie, mirándola con pena contenida, escuchó lo que nunca hubiera querido volver a oir. Ahora no era su hermana, ahora era, su diagnóstico, ella también tenía cáncer, en la mama izquierda, la que mas le dolía cuando le daba el pecho al mayor, recordó, como si aquello tuviera un significado.
     Sintió como si todo rebotara en las paredes blancas, como si fuera un sueño escuchó las palabras, recuperación, quimio, hemos llegado a tiempo, reconstrucción… sólo cuando dijo el doctor, lo de vamos a ganar, volvió a la realidad de la consulta y recordó que ya la estarían esperando para ver el partido y pensó en las camisetas rojas que ya tendrían puestas, en las caras de las chicas pintadas de rojo y amarillo y en la impaciencia de su marido, sin ella no sabía hacer nada, la necesitaba para todo y la quería tanto...
     Dejó al doctor casi con la palabra del consuelo por decir, de todas maneras, él también querrá llegar a su casa pronto, pensó. Y se marchó, pensando que cuando volviera al hospital ya nadie tendría tanta prisa y ella tendría aún mas miedo.
     Con un por fin, la reciben en casa, si ella no hubiera estado el partido no se vive igual, le gritan, eres la que mas anima, les das suerte a la Selección. Qué saben ellos, nada, ni falta que les hace, esta noche se ve el partido y se gana, se grita a si misma, nos queda mucho tiempo de pena.
     Y se enfadó en las faltas, y se mordió las uñas en los penaltis y saltó de alegría y se abrazó a su familia y amigos cuando ganamos y nos vimos en la final y cantó con lágrimas en los ojos lo de a por ellos y pensó que sus niños y su Jose, no necesitaban saber lo suyo hasta el lunes, qué mas daba un día que otro y así el domingo volvería hacer la tortilla, a preparar los aperitivos y esta vez ella también se pintaría la cara y se emocionaría como todos, como siempre había hecho y seguiría haciendo
     Durante la noche y la otra noche en blanco sólo tiene una idea en la cabeza, una idea a repetir y conseguir...Seguro que ganamos la Eurocopa, seguro que nos merendamos a Italia, seguro que mis hijos se van a celebrarlo por Madrid, seguro que España es una fiesta y yo más y esperaré hasta el día siguiente y entonces, sí, entonces les digo que yo también voy a ganar, que no me pasará como a mi hermana, que ahora hay mas adelantos y que yo tengo que preparar muchas meriendas para muchos partidos y que no les voy a dejar por nada del mundo y que el siguiente partido es el mío y que ahora, a mí, me toca ganar. 


domingo, 24 de junio de 2012

Yo me borro

     Desde hace unos días vengo pensando en el rumbo de este blog, en seguir como hasta ahora o cambiar radicalmente y convertirme en una página donde dé consejos y noticias, analice lo que nos ofrece la prensa a las de 50 y cosas por el estilo. El motivo de la duda viene porque la gente me cuenta, opina, me critica, todos con muy buen criterio y con ánimo de ayudar, tanto que alguno pensó que una de las historias que cuento me había ocurrido a mí e intentó ayudarme para que no sufriera, cosa que le agradecí. Los hay que me piden que escriba más, otros que me moje, que opine y un sinfín de consejos que estoy evaluando y no sé hacia donde me llevarán. Lo mas probable es que siga haciendo lo que quiera, cosa habitual en mí: escucho, pienso, dudo muchísimo, vuelvo a dudar y luego, como todo el mundo, hago lo que quiero.
     Pensando en todo ello me he ratificado una vez más, en lo difícil que es contentar a todo el mundo y más cuando te expones como lo hacemos nosotros los periodistas, los contadores de historia o todo aquel que tiene a dos personas enfrente escuchándo o leyéndote. Nos exponemos a las críticas, a los consejos pero no a que te insulten, te hundan o te desprecien. En estos días de fútbol, pasiones y triunfos ha sido devastador el leer lo que se decía por la red, de gente que trabaja y mucho, que ha estudiado, que se ha preparado para su profesión, que quiere hacerlo lo mejor posible y que tiene  familia. Ha sido devastador y vergonzoso ver como se maltrata y se lapida con la disculpa y el escudo de la pasión que se desborda. Es tremendo comprobar lo vil del ser humano cuando hay un reducto de sombras que es, precisamente, donde se cobijan los cobardes.
     Si un presentador, cantante o político no me gusta, ni le veo, ni le escucho, ni le voto, pero no utilizo la red, ocultando mi identidad, sin dar la cara, para insultar, mofarme o para desprestigiar y menos escudado en un nombre idiota, como el vengador de la tele, Afrodisio men o tonterías similares. Escondido en burlas y bromas en estos días he podido leer lo que la envidia, el machismo mas enconado ha hecho con Sara Carbonero en particular y en general con todos los comentaristas de la Eurocopa. Twitter, Facebook es así, me intentan convencer pero yo sigo sin entender como algo positivo se puede utilizar para hacer tanto daño.
     Lo de las críticas constructivas, siempre me pareció un tópico pero en estos momentos se hace patente, no se quiere ayudar, no se quiere criticar para que las cosas salgan mejor, no, se quiere hacer daño, se quiere arruinar al otro para no ver la propia mezquindad.
     También hay otros que con nombre y apellido utilizan sus columnas para tirar por tierra, criticar y ningunear, lo que es competencia de quién le paga. El señor Boyero, que es un gran crítico de cine, creo, de televisión deja mucho que desear y cuando habla de los comentaristas de Deportes, peor, sólo le parecen bien aquellos que pertenecen a su círculo de compañeros de trabajo y amigos. La gente que lo lea y no sea de la profesión puede no darse cuenta, otras veces está demasiado claro. Pero al fin y al cabo él da la cara y la firma, aunque se la partan en algún momento, pero a los otros, a los salvadores de la patria ocultos por el antifaz de internet, a los mas cobardes que no dirían nada si se les mirara a los ojos, a esos ni agua, ni una media sonrisa por sus ocurrencias dañinas y ojalá nadie les siguiera en su mísera existencia virtual.
     Como dijo el gran Ramón Trecet el otro día, si para estas cosas sirve Twitter, yo me borro.
     Y yo también.


domingo, 17 de junio de 2012

Y nos tocó a nosotros

     Hay que tener mala suerte. Cada día repitiendo en todos los telediarios que vamos a estar trabajando hasta que se tenga un porrón de años y a mi marido lo tienen que jubilar con cincuenta y seis, sí, con cincuenta y seis, antes que a nadie. La empresa siempre fue muy potente y arreglaron lo de las bajas antes de este lio de la crisis pero yo me pregunto ¿me tenía que haber tocado a mí? ¿nos tenía que haber tocado anosotros? 
     Lo de la alegría del jubilado sería para mi padre que estaba hartito de trabajar y para mi madre que le hacía la compra y se iban de viaje y esas cosas. Es alegría, también  para mis vecinos que les ha pasado lo que a nosotros pero que están todo el rato de pingo, pero ¿para mí? Un suplicio, eso es lo qué es y punto.
     Yo nunca he trabajado fuera de casa pero tenía mucho que hacer, con los niños, con tanto preparar, con tanto lavar y ahora sigo igual y nunca me importó y yo estaba feliz pero con él sin trabajar, esto es un martirio. Cuando no está dando vueltas por la casa siguiéndome a todas partes que me pone de los nervios, está viendo la televisión o se queda dormido a cualquier hora y lo del ordenador me lleva los demonios: toda la santa noche que está dándole a la tecla y la mirada fija en la pantalla, como si le fuera la vida en ello. Como no duerme por la noche pues al día siguiente hasta las santísimas y vuelta a empezar. ¿Salir? Ni mentarlo, que dice que tiene principio de depresión. Como si la depresión estuviera avisando que voy que voy. Pero no hace nada por remediarlo  y repite todo el rato lo de qué pena lo de sentirse mayor y que ya no sirve para nada y que se le hacen los días eternos y no sé cuantas pamplinas más que a mí, me va a volver loca.
     Nunca fuimos de salir mucho porque dinero no había pero es que él tampoco era la alegría de la huerta, eh, era trabajador, me trataba bien y la cosa no iba mal del todo pero ahora yo no sé si voy aguantar. Ni yo, ni él porque se le ha puesto un carácter de no soportarlo y al final tengo que saltar.
     Tampoco es necesario como mis vecinos que dicen que están ahora mejor que cuando se casaron. Eso tampoco me lo creo yo. Como tampoco me creo, que con ir a pintar, hacer excursiones y a bailar tangos como hacen ellos, estén viviendo una segunda luna de miel. Que no me lo creo que él también es joven para estar jubilado y ella es como yo que tiene los cincuenta recien cumplidos y que no pueden estar tan felices por estar como siameses.
     Y digo yo, el mundo ha estado siempre muy mal organizado, sí, y muy mal repartido pero si ahora no hay trabajo y los que lo tengan van a estar hasta los ochenta en el tajo porque no hay dinero para pensiones, me quieren decir ¿por qué jubilaron a mi marido antes de tiempo? ¿por qué nos hicieron esta faena?  A nosotros y a todo el mundo empresarial. Y el Estado no debe estar muy contento porque nos va a pagar la pensión treinta años.
     ¡Pues si que saben ustedes de economía y de matrimonios¡

    


martes, 12 de junio de 2012

La primera vez

     Ha llegado a la cita media hora antes. Se sienta al final de la cafetería para poder ver a los que entran. Quiere verlo llegar y como la busca entre tanta gente. También se ha instalado en el último rincón porque si se arrepiente en el último instante, se podrá marchar antes de que la localice. Como en las películas, piensa, igualito que en las películas, y sonríe sintiéndose por primera vez protagonista de una historia.
     Nunca tuvo pareja, algún novio de dos días y una aventura de una noche con el portero de su urbanización. Siempre pensó que aquel hombretón tan amable, estuvo con ella porque no tenía otra cosa que hacer y la vio tan perdida en esa vida aburrida que llevaba, que pensaría, un achuchón y se va tan contenta. Y la verdad es que se fue tan feliz porque no esperaba nada de él, ni le interesaba. Aunque le fastidió como la miraba después, como casi todo el mundo de su alrededor, queriendo agradar porque piensan que es una pobrecilla. Remueve el café con rabia, todos igual, no quiere que sientan pena por ella, a santo de qué. Como su cuñada que se cree que es tonta, que ella se da cuenta, perfectamente, de las sonrisitas cuando le pregunta si no tiene novio o si sigue enamorada de aquel actor. Luego se pone muy amable, claro, por la cuenta que le tiene, como se despreocupa de los suegros, como está la tía Pilar para cuidarlos. Y a los sobrinos igual, noche de fiesta, noche con la tita Pilar y ella encantada con hacer de niñera y su cuñada, también.
     Está conforme viviendo aún con sus padres. No los va a dejar solos aunque a veces se le hace cuesta arriba que quieran tratarla como cuando era una niña. Y están muy mayores, bueno ella también está muy mayor, se dice para sus adentros, aunque últimamente ha adelgazado. Desde lo de internet.
     Nunca le gustó demasiado lo de conectarse, pero se fue picando, se fue picando y llegó a los chats. Le daba un poco de miedo porque había oído que pasan muchas cosas raras pero su sobrina la convenció. Si se entera su madre, arma la de San Quintín.
     Al principio no quería contestar a los mensajes, luego le pareció divertido y después se hizo una experta en el coqueteo en la red. Hacía lo que todos, se construía una existencia que le gustaba y si podía, mentía. Decía que tenía 30, que era delgada y ejecutiva. Decir que era menopáusica y auxiliar de enfermería a media jornada, no le parecía atractivo. El sí le pareció atractivo desde el primer momento. Al principio dudó de lo que contaba pero cuando hablaron por teléfono y le mando fotos, vio que era como a ella le gustaba. Y allí estaba, esperando.
     Su primera cita y con un miedo que la tenía paralizada y más cuando le vio acercarse, sonriente. Estaba tan en sus cosas que no le había visto entrar. Era un poco más mayor de lo que le había dicho, bueno, igual que ella, y estaba mas gordito que en las fotos. De todas formas lo de internet, funciona, pensó, y no le voy a contar a nadie que lo he conocido así. La gente diría que viene por algún interés maligno pero a ella qué le van a quitar, quién va hacerle daño. Los hombres no son tan malos como dice su madre que le pone el cuerpo a una, revuelto, sin ganas de nada.
     Ya está enfrente de su mesa. No está nada mal. No es Richard Gere pero le da un aire, por las canas.
     Le gusta esa sensación de película. Por internet, sí, pero de película. Su primera vez.



jueves, 7 de junio de 2012

Sueños que se olvidan

     Hoy me gustaría escribir los versos mas tristes, como quiso el poeta. Hoy debería contar mil cosas importantes. Hoy necesitaría ser ocurrente, original y única. Pero esas cosas no suceden cuando uno quiere, no pasan porque lo desees. Si lo intentas salen palabras que todo el mundo sabe, que cualquiera puede decir. Y yo prefiero callarme.
     Me llama mi amigo y me dice que por qué no escribo todos los días. Me regaña mi amiga por la misma razón. Mi madre me dice que tampoco me vuelva loca que aunque ella siempre pensó que yo escribiría un libro, esto del blog, no lo ve claro y mis hijos me insiten que utilice el twitter para contar mis cosas, pero durante el día que por la noche hay mucho loco, supongo que pensarán, que como yo. Por la noche escribo, pienso y no duermo. Entre lo que pienso y escribo en el ordenador se me pasan las horas para contar muy poco. Entre línea y palabra, me pregunto si alguien se puede interesar por lo que escribo, con lo bien que lo hacen otros.
     En estos días he acudido a distintas presentaciones de libros, “Del gol de Zarra al de Iniesta” escrito por dos jóvenes periodistas David Guerra y Borja de Matías, a la de mi compañero Rubén Uría que nos presentaba “Hombres que pudieron reinar” o a la fiesta-coloquio de mi amigo Nacho Montes con su “¿Nada que ponerte?”. Un mes de feria del libro y de amigos que presentaban, entre nervios y temores lo que era su primera obra. Y yo les envidiaba. Así como suena, ni envidia sana, ni nada, envidia pura y dura que la sana no sé cuál es. Envidia por haber sido cobarde y no lanzarme a contar mil historias imaginadas, por no alargar el tiempo de espera y de musas que no llegaron rápidas, por creer más en los otros que en lo propio y por mil disculpas que me he ido poniendo día tras día, año tras año. En esas salas abarrotadas de amigos, curiosos y medios de comunicación, yo les envidiaba y les admiraba, más que nadie. Ellos lo consiguieron.
     A lo largo de una vida te vas dejando atrás sueños sin cumplir que vas olvidando según van perdiéndose en el calendario y cuando los recuerdas, ni siquiera te reconoces en ellos, sinembargo hay metas que te persiguen hasta que las alcanzas. Si no es así, duelen y por eso aunque pase mucho tiempo, aunque nadie lo crea ya, seguimos pensando que lo conseguiremos, son una razón más para estar vivo y para creer y no olvidar, aquello que soñamos, una tarde gris.
     Mañana empiezo a escribir.



martes, 5 de junio de 2012

Eso no me lo decía usted, antes

     No hay cosa mas tonta que querer agradar y quedar fatal. Y pasa mucho. En reuniones, encuentros de amigos y demás celebraciones tienes que hablar con gente que no has visto desde hace tiempo o que te presentan en el momento y se hace uno el agradable, se intenta quedar bien y se mete la pata con una facilidad pasmosa. Hablas por hablar, dices una tontería, te das cuenta o no, según tu inteligencia y te das la vuelta hacia otro corrillo a probar suerte con la oratoria, dejándote un individuo o grupo al completo, impertérrito y  ya chafado para todo el día.
     Con la edad y las relaciones es muy sencillo equivocarte y quedar como un perfecto idiota. En una ocasión ví atónita como un pardillo queriendo entablar conversación, le comentó a una señora que tenía un hijo muy simpático, cuando en realidad era su marido y mucho mas mayor que ella. Aún me pregunto como aquella buena mujer se mantuvo digna y no estrelló la copa que tenía en la mano y se tiró en ese instante, al cuello del dicharachero señor.
     Si se tiene una edad, una edad importante, es muy común que queriéndote alagar, te fastidien y que encima tengas que dar las gracias, si no, me cuenta usted, como se le queda el cuerpo cuando te dicen frases como “qué guapa estás para los años que tienes, hija” o “cuántas firmarían  por estar como tú, a tu edad” o la peor “qué bien te conservas” como si fueras una estatua o peor, una momia.
      Si estás guapa lo estás y punto, serás guapa madura, guapa anciana, o guapa adolescente, pero no sé es guapa a una edad y luego, según pasan los años te conviertes en horrorosa. Es como si sólo se pudiera estar bien, de 15 a 30, luego es conservar, remozar y apuntalar lo que tenias. Si lo consigues, te conservas bien, como Tutankamon
      Estos son los mejores cumplidos, los que te dicen sin mala intención porque luego están los de fastidiar, simple y llanamente, como ese casi grito “pero ¿qué te has hecho? ¡Estás fenomenal!” es decir que antes estabas de pena y ahora has pasado por el cirujano y a eso se debe tu apariencia, no estás bien por tus propios méritos sino por la ayuda del bisturí. Pura mala baba.
     También existe la frase tibia que no sabes cómo clasificar, la de ¡estás como siempre¡. Si la analizas puede indicar tres cosas: que has tenido cara de vieja, toda la vida; que estás igual que hace 20 años, cosa que es mentira e imposible, con lo cual te veían fatal entonces y tercera que es otro cumplido tontísimo.
     Según pasan los años las mujeres dicen que nos volvemos invisibles, estado que casi prefiero a que me mencionen lo de la conservación-congelación. Tenemos las arrugas que nos corresponden por vida y por genética, el cuerpo que podemos después de caminar 8 km a pleno sol, intentar seguir los pasos del supermoderno ejercicio, llamado  Zumba y comerte, después de tanto jaleo, un café con bollo.
     Estamos, como estamos, peor o mejor, pero por favor no me recuerden que hubo un tiempo que todo estaba en su sitio y en el que nadie remataba un piropo con lo de, para los años que tienes, porque entre otras cosas ya sé, la edad que tengo










jueves, 31 de mayo de 2012

Bodas de Plata

     Mira a través de la ventanilla del metro-tren que la lleva a su casa. Piensa lo distinta que es su vida a la de su hermana. Son gemelas, son iguales pero con diferentes vivencias, diferentes sensaciones  y diferente futuro. De pequeñas eran dos gotas de agua que reían, hablaban sin parar  y hacían felices a sus padres. Ahora sólo su hermana tiene capacidad para reír y crear un buen ambiente a su alrededor. Ella sólo disimula y sufre.
     Las dos se casaron el mismo año, no el mismo día porque hubiera sido una horterada, como dijo su marido, aunque a su hermana le parecía divertido, estaba tan contenta con la boda. Ella, no tanto. Aún no sabe porque no dio marcha atrás en el último momento. Sus padres la hubieran entendido. O puede que no. Nadie entiende que por un grito tonto y un empujón, se anule una boda y menos con un arquitecto. Su hermana en cambio, se casaba con un fontanero. Su cuñado era y es un pedazo de pan y el único hombre con el que se puede hablar, el que sabe que la ayudaría, si lo necesitara. Es bueno, fontanero, pero bueno  
     Vuelve la cara hacia el cristal donde comienzan a reflejarse las luces de las casas que se ven a lo lejos y le empieza a entrar miedo y esa angustia con la que se levanta todos los días desde hace veinticinco años. Sabe que cuando llegue la recibirán con un escueto, “ya vienes contenta, ya has estado con tu familia” y después, con suerte, silencio. Es sábado y las chicas han salido y él se irá rápido a su partida de mús. Ella quiere que se vaya pronto y que llegue tarde. Como su tren, como su pena. Muchas veces, como ahora, piensa que puede que no sea para tanto, que él nunca le ha dado palizas, sólo alguna torta y que casi lo prefiere a cuando le habla bajito, muy cerca de su cara, agarrándola de los hombros, susurrando, escupiéndole  que le pone nervioso, que es una inútil, que sin él sería una peluquera de mierda y tantas cosas que ya ni recuerda. Eso ya no le importa. Lo de su hija es peor.
     Nadie la creería cuando contara lo que es realmente su vida, ¿cómo van a creer que su marido, tan educado, tan señor, se comporta así con ella? ¿y su hija? ¿alguién sensato se va a creer que la niña estudiosa y educada, la desprecia tanto? Él ha conseguido lo que quería, anularla, dominarla y ha hecho que las niñas la vean como si no existiera, como si no valiera nada o como si estuviera loca. Todos piensan que son una familia fantástica, que ella ha tenido mucha suerte pero que con el paso de los años ha perdido alegría y que se ha convertido en una mujer taciturna, triste, seria, demasiado seria.
     Nadie le pregunta. Su gemela a veces, la mira al fondo de sus ojos y parece que lo sabe o eso quiere creer. Ya nadie se extraña que él nunca la acompañe en las pocas ocasiones que va a visitar a su hermana y nadie sabe que es cuando tiene tiempo para respirar y aunque pase horas en el camino, le da igual porque parece que le gana la partida a él que la quiso alejar de todos y poner kilómetros de distancia.
     Una voz cantarina anuncia que llega su parada, su calvario, su vida, su realidad  y además tendrá que inventarse la forma de no organizar las bodas de plata. Hoy su gemela le ha vuelto a insistir en que quiere celebrar los 25 años con una gran fiesta y las dos juntas y le ha dicho que ya sabe que su marido ha accedido, lo que ni se imagina es como se lo dijo a ella, bajito, en su nuca, escupiendo las mismas palabras: lo hago para que no te quejes, para que veas lo bueno que soy y lo mierda que eres tú.
     Su hija le ha dicho que es una horterada, como ella y su tía. Y no quiere celebrar ningún aniversario y no quiere y no puede.
     Le gustaría quedarse en el tren.



jueves, 24 de mayo de 2012

Buenas noches, María

     María no tiene cincuenta, sus hijas sí. María nació antes de la guerra y la sufrió. María sabe lo que es pasar hambre de pan y de letras. María siempre ha sabido sacar lo bueno de las cosas. María ha querido mucho y la quieren mucho.
     En un pueblo blanco se curtió de vida y Madrid le dio tranquilidad y progreso. Trabajo, ahorro, trabajo, amor, trabajo, para que los niños estudien, para que sean algo. Y lo fueron. Tuvo una buena casa y unos buenos hijos y entre alegrías y alguna pena fue viviendo. Siempre acompañada de su amor. Ella se casó joven, antes, tenía que haber sido, le decía él. Mas años para disfrutar juntos, mas años para restar los que el destino les robó.
     El se fue después de tanta lucha, cuando todo iba muy bien y ella se quedó sola, como tantas. Otras se encierran, se olvidan del mundo, se quedan en el pasado. María sacudiéndose las lágrimas, por dentro y por fuera, un día cogió el bolso, salió a la calle y pensó que todo tenía que continuar, aunque fuera sin él, aunque fuera tan amargo. La vida es así, se dijo y abrió la puerta del Centro de Mayores, con las mismas ganas con las que desde niña, se enfrentó a cualquier problema. Ella siempre quiso saber y ahora podía. Ese era su sitio y su momento. Aprendió informática. Escribo muy mal, advierte, pero con el ordenador no se nota, aclara a todos.
     Un cumpleaños, sus hijos le regalaron un ordenador y ahora la pantalla de su portátil se ilumina cada noche para ver las fotos de sus nietos, conectarse a Facebook o escribir correos, el corrector me ayuda mucho, repite. A través de ese aparato que nunca pensó pudiera cambiar tanto su día a día, lee todo lo que no leyó, lo que le quitaron porque a ella no le tocaba. Ahora sí.
     Cada noche lee un poquito de este blog. Muy pocos de los que entran aquí, analizan, saborean  y se merecen tanto estas líneas como María, por lo que a ella le ha costado llegar a conectarse a la red, por su esfuerzo y porque muchas de nosotras caminamos con el portátil debajo del brazo, pisando fuerte en oficinas, universidades o por cualquier acera, gracias a mujeres como ella que no estudiaron pero que nos hicieron estudiar y que soñaron su vida a través de la nuestra. Por eso y por cien mil cosas más, hoy tengo que decirte, a ti únicamente, Buenas noches, María
 


martes, 22 de mayo de 2012

El cambio ha llegado

     ¿Cómo me visto? ¿cómo me peino? ¿cómo me maquillo? Nunca pensé que esas tres preguntas me las llegaría a realizar a mi misma, seriamente. Todo llega. Hasta las mas seguras, que no es mi caso, alcanzan una etapa en que saben que algo en su aspecto no va bien y que tienen que cambiar porque sí, porque toca y porque ya de tanto parecer tú, pareces otra. Con lo cual comienzas a pensar ¿me doy mechas o reflejos para quitarme diez años? ¿me visto con traje, siempre? ¿qué me pongo para parecer joven sin hacer el ridículo? Grandes cuestiones que no han cambiado el mundo pero que tienen su aquél. 
     En esas elucubraciones, en esos momentos de duda para estropearlo aún más, puede ocurrir y ocurre, que te encuentres con una antigua compañera de colegio que te dice eso de “uy, no te conocía, estás muy cambiada” y tú, sonríes, te callas por no decirle lo de y tu sigues con la misma mala baba que te caracterizó desde pequeñita, hija y ¡cómo no voy a estar cambiada desde la Comunión¡ Y en vez de irte a tu casa, acostarte y arroparte, que sería lo mejor, vas y te miras en el primer escaparate que se te ponga por delante. Sin remedio, llega el estupor, el gran estupor diría yo, porque quien te mira desde el cristal, es otra mujer que no eres tú. La que ves en ese instante es una señora-señora, con ropa desfasada y una coleta como para jugar al tenis. Y te preguntas compungida ¿esa soy yo? En esa décima de segundo de reconocimiento, confusión y enajenamiento has comprendido que ésa, eres tú y que la cámara de fotos digital, no te saca mal porque te tiene manía, es que la irreconocible del verano pasado, también, eres tú. Ha llegado el momento de cambiar y aceptar lo que hay. Se tiene que hacer aunque duela. Y ahí llega la hecatombe, solita, sin avisar, pero la hecatombe.
     Siempre me pareció incongruente la actitud de aquellos que decían que aunque tenían una cierta edad, su espíritu era de un joven. Me lo pareció hasta que me percaté que a mí me pasaba lo mismo, obviamente no digo lo del espíritu joven porque es del siglo pasado, pero lo siento. Y si lo sientes, ¿cómo te vistes, de tu edad o de la que crees tener?, ¿cuál es el peinado adecuado? ¿cómo renuevas tu estilismo al que llevas tantos años unida?¿eh?¿cómo?
      Mi madre decía que a partir de los cuarenta había que acortar la melena y alargar la falda, pero a mí el dicho se me pasó como los cuarenta, sin enterarme y ahora, que es el momento de hacerlo, me supone tanta complicación como me pareció siempre hacer el pino, porque mi cabeza va por un lado, mi cuerpo por otro y mis años se enredan con la melena que no sé cuando voy a recortar.
     Y aquí estoy, cambiando el armario de invierno a primavera y de chica de los 80 a señora del 2012. No sé cómo voy a terminar, ni cómo voy a empezar, de momento he tirado las hombreras, aunque se vuelvan a llevar, he dejado prendas básicas, es decir, nada, porque lo que nunca se pasa de moda, me está pequeño y he pedido cita para cortarme el pelo pero como esto siga así, voy a tirar el armario por la ventana, con espejo incluido y me voy hacer amiga de la Obregón para creerme siempre divina y eternamente joven.
     Ya cambiaré a los sesenta.